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Extraño comportamiento de los grillos al pelear



Por Redacción

Especial para EL DIA de National Geographic

A todos les gusta tener público, incluso a los grillos. Un nuevo estudio demostró que estos insectos cambian su comportamiento agresivo cuando otros grillos los miran. Es la primera vez que este fenómeno es observado en invertebrados, aunque sí se había registrado en mamíferos, aves y peces.

En experimentos recientes, grillos macho que luchaban entre sí actuaron de manera más violenta- y al ganar, se mostraron más exultantes- cuando había entre el público otros grillos macho o hembra.

El grillo vive en comunidades definidas por conflictos entre sus individuos, usualmente para ganar territorio, recursos o parejas. Pero las investigaciones anteriores se centraron en los luchadores, sin ubicarlos en las redes sociales en las que viven.

El nuevo estudio revela que la conducta del grillo “es mucho más compleja de lo que pensábamos”, explicó la directora del estudio, Lauren Fitzsimmons, bióloga de la Universidad de Windsor en Ontario, Canadá.

Robert Matthews, profesor emérito de entomología de la Universidad de Georgia, que no participó del estudio opinó que “se trata de un área que deberíamos haber estudiado hace tiempo. Las disputas no ocurren en aislamiento. Siempre se dan en un contexto social”.

ENTRANDO EN ESCENA

Para sus experimentos, Fitzsimmons recolectó grillos macho y hembra de campos locales y crió a su descendencia en aislamiento en el laboratorio. Luego puso pares de machos silvestres o criados en laboratorio en un pequeño escenario en momentos diferentes, lo que siempre generó peleas.

En una sala separada por un vidrio cercana al escenario, los científicos llevaron adelante experimentos en tres situaciones de público diferentes: un macho miraba y escuchaba una pelea, una hembra miraba y escuchaba una pelea, o no había público. Los machos criados en laboratorio tenían público criado en laboratorio, y los grillos silvestres tenían público recolectado en ambientes silvestres.

Las peleas fueron grabadas y reproducidas en cámara lenta, y se observó la agresividad y el comportamiento general de los machos en las tres situaciones diferentes.

Cuando los machos pelean, se tocan las antenas, se empujan con las mandíbulas, se muerden y forcejean. Luego, el ganador sacude vigorosamente su cuerpo y frota sus alas para producir un sonido distintivo”, explicó Fitzsimmons, cuyo estudio fue publicado el 9 de julio en Biology Letters.

Los resultados demostraron que todos los machos pelean más violentamente y festejan su victoria con danzas más grandiosas, cuando un macho o una hembra mira y escucha que cuando no hay público. (En lo que respecta a los integrantes del público, se pasaron la mitad del tiempo acicalándose y olisqueando y la otra mitad del tiempo como observadores atentos, especialmente cuando la pelea escalaba.

Es más, los machos silvestres respondieron más al público que los grillos criados en laboratorio, lo que sugiere que los insectos aislados en el laboratorio no tenían suficiente exposición social con otros grillos como para saber qué estaba sucediendo.

Fitzsimmons sospecha que hay razones para que los machos luchadores actuaran más agresivamente rodeados de otros grillos, machos o hembras. Por un lado, las hembras prefieren a los machos dominantes- usualmente el ganador de la pelea- así que un macho agresivo puede aparearse con la hembra si gana.

Y cuando hay un macho en el público, los luchadores quizás muestren agresividad como forma de “anunciar su fuerza y decirles a otros machos que no quiere enredarse con ellos”, explicó Fitzsimmons.

En general, el estudio es un avance porque demuestra que los insectos pueden “aprender hasta cierto punto; tienen la capacidad de memorizar o de adaptar el comportamiento a lo largo del tiempo”, añadió la científica.

El siguiente paso lógico consiste en determinar si los observadores macho o hembra son influenciados al mirar la pelea, por ejemplo, llegado el caso de elegir pareja. “Es absolutamente posible”, agregó.

Matthews, de la Universidad de Georgia, coincidió al indicar que “solíamos pensar que los insectos no aprendían nada, que eso estaba limitado a los vertebrados. Pero eso no era así”.

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